Cuando entramos a un sitio o a una aplicación apretando «Continuar con Google», no le prestamos el dato una vez: le entregamos una llave. Esa llave sigue funcionando aunque no volvamos a abrir la aplicación, y a veces alcanza al correo, al calendario o a los archivos.
Revisar esas llaves cada tanto, y quitar las que no usamos, es una buena práctica. Lleva unos minutos.
Entrá a myaccount.google.com con tu cuenta de la Fundación. Verificá arriba a la derecha que sea la cuenta institucional y no una personal.
En el menú de la izquierda, elegí Seguridad.
Bajá hasta la sección de conexiones con aplicaciones y servicios de terceros y entrá.
Vas a ver la lista de todo lo que alguna vez autorizaste. Es normal que haya cosas que no recordás.
Hacé clic en la aplicación que quieras revisar y elegí Ver detalles. Ahí dice a qué datos tuyos accede.
Si no la reconocés o no la usás, elegí Quitar acceso y después Confirmar.
Todo lo que no reconozcas.
Todo lo que no hayas usado en el último año.
Cualquier asistente de reuniones, transcriptor o tomador de notas que no sea institucional.
Aplicaciones personales —de ocio, compras o redes sociales— que estén enganchadas a la cuenta de la Fundación. Esas conviene volver a conectarlas con una cuenta personal, si se siguen usando.
Quitar el acceso no borra tu cuenta en esa aplicación ni elimina nada tuyo. Sólo corta el permiso que tenía sobre tu cuenta de Google. Si alguna vez la volvés a necesitar, te la va a pedir de nuevo.
Quitar el acceso de una herramienta de transcripción no borra las transcripciones que ya hizo: esas siguen en el servicio. Para eso hay que eliminar la cuenta en esa herramienta. Ver Read.ai y Tactiq.