Un asistente automático de reunión es un servicio que escucha lo que se dice en una videollamada y lo convierte en texto: una transcripción, un resumen o una lista de tareas.
Se presentan de dos formas, y conviene distinguirlas porque se quitan de manera distinta.
Aparece en la lista de asistentes con su propio nombre —Read.ai, Otter, Fireflies y otros—, como si fuera una persona. Entra porque quedó conectado al calendario de alguien: cuando esa persona tiene una reunión agendada, el asistente se suma solo.
Quien lo ve en la reunión no siempre puede saber quién lo invitó. Muchas veces ni siquiera lo sabe la persona que lo tiene conectado.
No aparece en la lista de participantes. Es un complemento instalado en el navegador —Tactiq es el caso más común— que lee lo que pasa en la pantalla de quien lo instaló y lo va transcribiendo en silencio.
Como no se muestra como participante, el resto de la reunión puede no enterarse nunca.
Muy pocas personas instalaron estas herramientas a propósito. El camino es casi siempre el mismo, y conviene conocerlo porque se repite de una herramienta a otra.
Alguien usó la herramienta en una reunión de la que participaste.
Días después te llega un correo avisándote que hay un resumen o un acta disponible de esa reunión.
Abrís el enlace para leerlo, y antes de mostrártelo te pide registrarte.
Para registrarte te ofrece el camino corto: entrar con tu cuenta de Google. Un clic.
Hasta ahí, todo razonable. Lo que no se dice con claridad en ningún momento de ese recorrido es que, con ese mismo clic, la herramienta quedó con acceso a tu calendario y habilitada para sumarse a tus próximas reuniones y grabarlas.
Vos aceptaste ver un resumen. No aceptaste que se grabaran tus reuniones. Son dos cosas distintas que quedaron empaquetadas en la misma decisión, y esa es la razón por la que tanta gente tiene una de estas herramientas activa sin saberlo.
Hay algo más, y es lo que más nos importa: aunque uno hubiera querido aceptarlo, no puede aceptarlo en nombre de los demás. Las otras personas de la reunión nunca fueron consultadas.
No es por desconfianza hacia la tecnología. Es por dónde queda la conversación.
En una reunión de la Fundación se nombran personas y se comentan situaciones que nos fueron confiadas. Cuando un asistente externo transcribe, ese texto queda alojado en los servidores de esa empresa, habitualmente fuera del país, y la Fundación no tiene con ella ningún acuerdo que le permita exigir que se borre ni comprobar dónde está.
Si querés el fundamento completo, con las referencias a las políticas de privacidad de cada herramienta, escribinos y te lo acercamos.
Si tu tarea mejora con transcripciones o actas, se pueden habilitar dentro del ámbito institucional. Ver cómo pedirlas.